Las corridas de toros.

Una comisión de la Asamblea Legislativa de la ciudad de México aprobó un dictamen para que se prohíban las corridas de toros, algo que ya se ha hecho en varios lugares del mundo. Ahora esto debe ser debatido y decidido en el pleno. Sabemos que hay fuertes intereses que quieren detener la iniciativa, pues defienden lo contrario sobre lo que se quiere legislar. Se trata de grupos y personas poderosos y ricos, que están haciendo regalos y también amenazas, para conseguir que se la congele.

Cuando en Cataluña les quitaron su diversión a los amantes de este espectáculo, se enojaron tanto que se dieron a la tarea de explicarnos que los animales no sufren, ya que si bien sí sienten dolor, el sufrimiento es una categoría sicológica exclusivamente humana. Llegaron a decir incluso que hablar de derechos de los animales es una aberración. Fernando Savater, un filósofo que anda por la vida hablando de ética, dice que la vida de un toro de lidia es principesca y que su muerte, luchando en la plaza, no desmiente ese privilegio y otro llega a la increíble aberración de asegurar que a los toros no se les maltrata sino al contrario, que se les da gusto, porque mueren en el placer del combate.

Para quienes respetan la vida de todos los seres vivos y sintientes, es inconcebible que nada más los humanos tengan derechos y que entre éstos se considere legítimo torturar y matar a otros, mucho menos en aras de la pura diversión. Afortunadamente, según encuestas realizadas, hay una importante mayoría de mexicanos que piensan así.

A estos ciudadanos se les quiere convencer de cambiar su punto de vista, con argumentos falaces, por ejemplo, que las corridas son un arte y una tradición. La UNESCO, autoridad mundialmente reconocida en cultura, ha negado que sea arte, y por lo que se refiere a la tradición, es evidente que aunque se haya venido realizando esta actividad por muchos años, no existe ninguna razón moral para seguir realizándola. Se habla también de que una prohibición de este tipo estaría atentando contra la libertad de espectadores, empresarios y toreros, pero olvidan que en un mundo civilizado la libertad de unos no puede ser a costa de la de otros, mucho menos cuando se trata de una libertad que se sostiene sobre la muerte. Y por fin, se afirma que terminar con las corridas significaría un problema de tipo económico para quienes viven de ese negocio, pero los números dicen lo contrario: lo que creció el empleo en países en los que se ha transformado a las plazas en arenas para otros espectáculos y en las ganaderías que se han reconvertido (como muchas industrias a las que afectan cambios de todo tipo). Eso además de los impuestos que generan otras actividades menos salvajes.

Por supuesto, no es fácil convencer a quienes han hecho de este negocio su vida. Un empresario taurino ha llegado tan lejos como para asegurar que se tendrá que pasar sobre su cadáver si se quieren prohibir las corridas. Así pretende obligar a los legisladores a elegir entre un muerto humano y 9 mil toros muertos anualmente, pero es una bravata inútil. Otros dicen que hay asuntos más importantes sobre los cuales legislar, como si la vida no fuera el asunto más importante, aun si se trata de la de los animales.

El próximo día 30 termina el periodo legislativo. Muchos ciudadanos aún tenemos fe en nuestros representantes y esperamos que sean capaces de estar a la altura: es hora de actuar en contra de cualquier forma de tortura y violencia, incluidas las que se cometen contra los animales, es hora de empezar a desaprender la violencia, de sacarla de nuestro código genético y mental. La ciudad de México ha sido la vanguardia del país en causas muy importantes, ojalá lo sea en esto también. La violencia, sangre, dolor y muerte no pueden ser valores en una sociedad justa.

sarasef@prodigy.net.mx
www.sarasefchovich.com
Escritora e investigadora en la UNAM

Fuente: Elunivesal.mx

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